Rafael Acosta
Lo ocurrido hoy en el muro de la Presa de Sabaneta no fue un simple altercado. Fue el choque frontal entre dos visiones de mundo irreconciliables.
La escena inevitablemente remite al denominado “Grito de San Juan”, aquel episodio registrado en febrero de 2018, cuando sacerdotes de la Diócesis de San Juan de la Maguana convocaron a miles de personas de toda la región Sur en el mismo lugar, con un objetivo común: rechazar la explotación minera en la Cordillera Central.
Hoy la historia parece repetirse.
De un lado, ejecutivos de GoldQuest Mining Corp. promoviendo un discurso de minería “limpia” y “sin afectación ambiental”. Del otro, un pueblo que entiende que, en la cabecera de sus ríos, la única riqueza verdaderamente irremplazable es el agua.
La presencia de autoridades civiles y militares no logró contener el clamor de quienes consideran que el proyecto “Los Romeros”, ubicado en Hondo Valle, representa una amenaza para el equilibrio ambiental y la seguridad hídrica de la región.
Bajo el lema “Agua Sí, Oro No”, los sanjuaneros recordaron una verdad elemental: no puede hablarse de desarrollo cuando están en riesgo las fuentes que sostienen la agricultura y el consumo humano.
La comparación con Cotuí no es casual. Es el espejo en el que ninguna comunidad agrícola desea verse reflejada.
Mientras la empresa gestiona permisos ante el Ministerio de Energía y Minas (República Dominicana) y el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (República Dominicana), y procura lo que denomina “licencia social”, en el terreno persiste la desconfianza. Las denuncias sobre la presunta operación de maquinaria pesada de forma clandestina solo profundizan la brecha entre la empresa y la comunidad.
¿Fue una falta de respeto o una acción legítima de defensa? Para quienes sienten amenazados sus campos y ríos, la movilización y el abucheo no representan irrespeto, sino un acto de autoprotección.
San Juan ha enviado un mensaje claro: la seguridad de sus ríos y la dignidad de su gente no están en negociación. En el Valle de San Juan, el oro puede permanecer bajo tierra, pero el agua debe seguir fluyendo.
