Erika Pérez
Para hablar del génesis del movimiento estudiantil universitario en la República Dominicana, debemos remontarnos al 13 de julio de 1961, fecha en la que un grupo de valientes jóvenes, guiados por la lucha constante por la autonomía universitaria, la democracia y la justicia social, fundaron la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), principal organismo representativo de los estudiantes en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), tras la caída de la dictadura de Trujillo.
Durante la época conocida como los 12 años de Balaguer, los frentes estudiantiles fueron víctimas de ametrallamientos por parte de los cuerpos militares, mientras que altos dirigentes sufrieron una feroz represión por la tristemente célebre Banda Colorá. Muchos de ellos, estigmatizados como comunistas, incluso perdieron sus vidas por el simple hecho de defender la democracia y oponerse a lo que consideraban la continuidad del trujillismo en el poder.
Nombres como Amín Abel Hasbún, Sagrario Ercira Díaz Santiago, Otto Morales, Roberto Figueroa (Chapo) y Henry Segarra Santos representan el sacrificio de una generación que pagó con sangre su compromiso con la libertad. Resulta contradictorio que quien fuera presentado ante la comunidad internacional como garante de la democracia, mantuviera en la práctica un régimen caracterizado por la represión, el hermetismo y la persecución de quienes pensaban diferente.
Volviendo a lo que nos compete, según los resultados de las elecciones celebradas el 18 de octubre de 2024, el movimiento estudiantil en la UASD cuenta actualmente con 17 frentes activos, distribuidos en la sede, recintos, centros y subcentros de la Primada de América. Luego de más de siete años de escasa o casi nula representación, hoy podemos afirmar que los estudiantes cuentan con dirigentes llamados a velar por sus derechos, así como a ofrecer servicios y orientaciones que muchas veces las autoridades no garantizan de manera eficiente.
Consideramos que es motivo de orgullo ver cómo la juventud universitaria se ha empoderado, organizándose para defender sus derechos y exigir el cumplimiento de los estatutos institucionales. Sin embargo, como bien reza el popular dicho, “no todo lo que brilla es oro”. Existen quienes utilizan estos espacios de representación como plataformas políticas personales o como mecanismos para asegurar intereses particulares dentro y fuera de la universidad.
Esta realidad se evidencia cuando algunos dirigentes, tanto de los frentes estudiantiles como de otros movimientos externos, solo aparecen en momentos electorales, ya sea para influir en la elección de autoridades universitarias o para posicionarse de cara a aspiraciones políticas como regidurías, diputaciones o alcaldías. Esta conducta debilita la esencia del movimiento estudiantil, que debe ser permanente, coherente y comprometido con las verdaderas necesidades del estudiantado.
Estamos plenamente convencidos de que, dentro de un Estado democrático, nadie puede ni debe ser limitado en sus aspiraciones políticas. Sin embargo, lo cuestionable es el uso oportunista de espacios que nacieron como instrumentos de lucha colectiva para convertirlos en lo que hemos bautizado como simples catapultas políticas.
Es por ello que, enfáticamente, mantenemos nuestra postura de que el movimiento estudiantil no puede reducirse a una presencia intermitente ni a discursos vacíos en tiempos de campaña. Su verdadero rol es ser vigilante, crítico, propositivo y cercano a la realidad de los estudiantes. Implica acompañar, orientar, gestionar y, sobre todo, defender con firmeza los derechos de quienes depositan su confianza en sus representantes.
Hoy más que nunca, se hace necesario reivindicar la esencia del movimiento estudiantil: una lucha constante, ética y comprometida con el bienestar colectivo. Porque cuando el liderazgo se ejerce con responsabilidad y vocación de servicio, la universidad se fortalece y la sociedad avanza. Pero cuando se desvirtúa su propósito, se pierde no solo la confianza del estudiantado, sino también una de las herramientas más poderosas de transformación social de cualquier país.
