Erika Pérez
Han sido muchas las propuestas
de desarrollo que se les han vendido a la provincia de San Juan y al país que
traerían consigo el hecho de que se concrete la explotación de la mina Romero,
considerada como el proyecto más importante para la empresa Gold Quest. Un
breve recuento de la historia de esta compañía nos permite saber que inició sus
actividades de exploración en nuestro país en mayo del 2001. Luego solicitó la
concesión de explotación en noviembre de 2015, otorgándose su aprobación por el
Ministerio de Energía y Minas en 2018. Hasta la fecha, el Poder Ejecutivo aún
no ha emitido el decreto final que otorgue la licencia de explotación,
condicionándola a la realización de estudios de impacto ambiental y social.
Retomando las “ofertas de
progreso” que ha ofrecido la empresa de origen canadiense, podemos mencionar la
creación de alrededor de 800 empleos “durante” la fase de construcción y
operación, más de RD$5,000 millones para el Plan de Desarrollo de San Juan “en
un periodo de ocho años”; también está el compromiso de retribuir al Estado
dominicano beneficios superiores al 40%, superando lo establecido por la Ley
146-71, lo que representa un total de unos US$224 millones, lo cual ha sido
llamado como “hito” por el señor Antonio Isa Conde, ministro de turno del
Ministerio de Energías y Minas, en enero de 2018. Se pregona, además, la
tentativa de llevar a cabo la construcción de una carretera que, en una primera
fase, abarque el tramo Sabaneta hasta Hondo Valle (donde se encuentra el
yacimiento) y la segunda fase comprendería desde Hondo Valle hasta la provincia
de Montecristi.
Si nos dedicáramos a analizar
cada una de estas promesas, la mayoría coincide en que tienen un carácter
provisional; respecto a las monetarias, Gold Quest oferta, en primer plano,
RD$5,000 millones para el Plan de Desarrollo de San Juan, lo cual tan solo
supera por 1,000 millones la inversión que ha hecho directamente el Gobierno
central en la provincia San Juan; en segundo plano, el total de unos US$224
millones que representa el 40% de retribución al Estado, cantidad que, a su
vez, equivale a aproximadamente 0.17% - 0.18% del PIB anual. Para muchos, esto
es una inversión “que contribuye al progreso de la Nación”; para nosotros, sin
embargo, simboliza una parte marginal de la economía total y más tratándose de
que se van a explotar nuestros recursos mineros, sin mencionar los daños
ambientales de por vida que acarrea.
Para nadie es un secreto que
las empresas mineras provienen, en su mayoría, de países ya desarrollados y
organizados que tienen diversas opciones para sostener su economía y, más que
nada, se les da fiel cumplimiento a las leyes y normativas que amparan los
estudios ambientales. Creemos que el progreso es un proceso que se debe
realizar paulatinamente; por tanto, antes de que nuestra provincia se vea
inmersa en el desarrollo que presumen los que favorecen la minería, proponemos
que en San Juan se lleven a cabo obras básicas que perduren en el tiempo y que
impacten positivamente a nuestra gente, porque de lo contrario, daremos un
salto estrepitoso que se podría comparar con un niño que aprende a correr sin
antes gatear.
Las obras básicas, necesarias
y que perduren en el tiempo a las que nos referimos son, por ejemplo, la
construcción de un nuevo acueducto, para mejorar la calidad del agua potable
que recibe la población; la reparación definitiva de la pista de atletismo; San
Juan necesita que no quede ni un solo rincón de sus comunidades sin asfaltar,
para que cada sanjuanero, sin importar lo distante, pueda probar las mieles del
urbanismo y la comodidad; construcción y mantenimiento de puentes que
comunican, desde y hacia, nuestras poblaciones lejanas y rurales; anhelamos que
se haga realidad la agricultura de precisión y con ella, la tecnificación del
riego, pero que en este proceso se incluya la capacitación a cada agricultor y
campesino, para esos fines; nuestra provincia requiere de más zonas francas, en
las que se les garanticen más empleos a nuestra población que cada vez más
emigra a otras zonas del país o al exterior, en búsqueda de los mismos.
Para que estas y otras
ejecutorias se lleven a cabo, conocedores y visionarios de planes estratégicos
para el efectivo desarrollo de San Juan proponen que se realice, a través de la
unificación y consenso de todos los sectores que hacen vida en esta demarcación,
elaborar y aplicar un plan de desarrollo a 20 años.
Habrá quienes planteen que
esas obras podrían realizarse con el dinero que se devengue de la explotación.
Sin embargo, si hay de algo que estamos fiel y claramente convencidos, es que
sin el agua es imposible el desarrollo del Valle de San Juan.
