Redacción
Santo Domingo– La salida de dirigentes de las principales organizaciones políticas del país se ha convertido en una constante durante los últimos meses, generando un proceso de reacomodo interno en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP).
Entre las renuncias más sonadas figura la del exdiputado Radhamés Fortuna, quien abandonó el PLD tras más de cuatro décadas de militancia para integrarse a la Fuerza del Pueblo.
También renunciaron al PLD el exdiputado Héctor Ramírez y el regidor Hatueyndi Rosario, ambos de Santiago, quienes posteriormente fueron vinculados a la Fuerza del Pueblo.
A estas dimisiones se sumó el exgobernador de Barahona Pedro Peña Rubio, quien dejó las filas peledeístas, así como el exsenador José del Castillo Saviñón, cuya salida fue señalada como parte de la pérdida de importantes cuadros políticos del partido morado.
En el PRM también se han producido bajas relevantes. La vicealcaldesa de Los Alcarrizos, Felicia Santos Frías, renunció a esa organización para juramentarse en la Fuerza del Pueblo.
Asimismo, dirigentes como Gustavo Adolfo Espaillat, Ramón Henríquez (Bobo), Jova Hernández, Roberto Gómez, Carlos Fermín y Roberto Camarera anunciaron su salida del PRM para respaldar el proyecto político encabezado por Leonel Fernández.
Del lado de la Fuerza del Pueblo también se registraron movimientos importantes. El senador por San José de Ocoa, José Antonio Castillo Casado, presentó su renuncia a esa organización alegando diferencias con el rumbo del partido. Posteriormente se vinculó al PRM.
Además, algunos dirigentes que habían abandonado el PLD o el PRM han retornado a sus antiguas organizaciones mediante programas de captación y retorno impulsados por las direcciones partidarias. Entre ellos figuran Bienvenido Pérez y Juan Carlos Muñoz, quienes dejaron la Fuerza del Pueblo y el PRM, respectivamente, para integrarse al PLD.
Analistas políticos consideran que este fenómeno responde al inicio anticipado de la carrera electoral hacia 2028, las disputas internas por espacios de poder y la búsqueda de nuevas oportunidades dentro del sistema partidario dominicano. La tendencia ha sido descrita como una nueva etapa de transfuguismo político que impacta a las tres principales fuerzas del país.
