Por Héctor Marte Pérez
No es cambiar para que todo siga igual, que es lo que se conoce como “gatopardismo”. Pero los políticos del patio comienzan a entender que hay que hacer cambios en el sistema para que no se cambie el sistema.
Las opciones son sí o sí. El “cuco” del posible surgimiento de un outsider con chance de optar por el poder, por remota que sea esa posibilidad, podría tener el efecto positivo de que obliga a modificar conductas, cambiar métodos y, en sentido general, innovar y renovar.
PRM
El PRM parece entender la necesidad de hacer cambios de forma y fondo. La elección de una plancha de consenso para los principales cargos directivos es una muestra, no solo porque los perremeístas dieron una demostración de unidad, sino por las caras que presentaron entre los directivos.
El enfoque por evitar repetir episodios que eran comunes en el PRD ya es de por sí un cambio, porque los principales dirigentes del PRM vienen todos del partido blanco, y muchos son descendientes de perredeistas que protagonizaron luchas fratricidas. Y con la inclusión en la fórmula de Juan Garrigó Mejía y Gloria Reyes, la organización se anota un tanto, no solo porque son jóvenes, sino porque van a hacer aportes de calidad.
Oposición
En cuanto a renovación dirigencial, el PLD hizo un esfuerzo democrático hace dos años, con la elección en la secretaria general de Johnny Pujols, una figura que representa el relevo. También se observa la intención de hacer una oposición de mayor calidad, con más argumentos y propuestas, en un nuevo escenario en el que asumen mayor protagonismo dirigentes como Juan Ariel Jiménez, José Dantés Díaz, Zoraima Cuello y técnicos como Wilson Marte y Richard Martínez.
En cuanto a la Fuerza del Pueblo, parece el más reacio a cambios a nivel de estructura, aunque a Leonel Fernández se le ve esforzado por reciclarse. En cierto modo, luce un partido nuevo, pero de viejos. La imagen de la organización es salvada en gran medida por el toque refrescante que le da su segundo líder, Omar Fernández.
